Cuando una empresa nos pide crear o renovar su identidad de marca, lo primero que hacemos no es abrir un programa de diseño. Empezamos haciendo preguntas. Muchas preguntas.
Antes de pensar en un logotipo, elegir una paleta de colores o buscar una tipografía, necesitamos entender qué hay detrás de esa empresa. Porque diseñar una identidad visual no consiste simplemente en conseguir que una marca tenga una imagen atractiva. Hay que encontrar una forma de representar quién es y qué quiere transmitir.
Antes de diseñar una marca, hay que entenderla
Cada empresa tiene una historia, una forma de trabajar, unos objetivos y una manera particular de relacionarse con sus clientes. Todo eso debería tenerse en cuenta cuando se construye su identidad de marca. Por eso, antes de empezar a plantear propuestas visuales, nos hacemos preguntas como:
- ¿Qué hace diferente a esta empresa?
- ¿A quién quiere dirigirse?
- ¿Qué quiere transmitir?
- ¿Cómo quiere que la recuerden?
- ¿Qué percepción tiene actualmente?
- ¿Qué imagen quiere construir a partir de ahora?
- ¿Cómo se diferencia de otras marcas de su sector?
No buscamos respuestas por cumplir un proceso. Son las respuestas las que nos ayudan a tomar decisiones de diseño.
El branding empieza antes del logotipo
Cuando hablamos de branding, es habitual pensar inmediatamente en un logotipo. Pero la identidad de una marca va mucho más allá. El logotipo es una parte de la identidad visual, pero también lo son los colores, las tipografías, las imágenes, los recursos gráficos y la forma en la que todos esos elementos se combinan. Y para decidir cómo debe ser ese sistema visual, primero hay que saber qué queremos comunicar. Por eso, un buen proyecto de identidad de marca necesita una fase previa de análisis y estrategia. El diseño llega después, cuando ya existe una dirección clara.
Diseñar con un propósito
Para nosotros, el diseño no consiste en hacer algo bonito porque sí. Una propuesta puede ser visualmente atractiva y, aun así, no funcionar para una determinada empresa. La pregunta importante es otra: ¿esta identidad representa a la marca y ayuda a comunicar lo que queremos transmitir?
Cada decisión debería tener un motivo detrás. Desde una tipografía hasta un color, pasando por la composición, el estilo fotográfico o la forma de aplicar la identidad en diferentes soportes. El objetivo es construir una imagen que tenga sentido para la empresa y que pueda mantenerse de forma coherente en su web, redes sociales, papelería, publicidad o cualquier otro punto de contacto.
Un proceso de branding basado en análisis y creatividad
Crear una identidad visual combina dos partes que necesitan trabajar juntas: análisis y creatividad. Primero hay que comprender el problema. Después llega el momento de buscar soluciones. Por eso dedicamos tiempo a conocer cada proyecto antes de empezar a diseñar. Hablamos con el cliente, analizamos su contexto, estudiamos su sector y buscamos aquello que puede hacer que su marca tenga una personalidad propia.
Las primeras ideas no siempre son las definitivas. A veces hay que probar, descartar y volver atrás hasta encontrar una solución que realmente encaje. Y ahí está buena parte del trabajo que no se ve cuando finalmente aparece el logotipo.
La identidad visual es el resultado de muchas decisiones
Cuando el proceso está bien planteado, el resultado no debería depender únicamente de un logotipo. Una buena identidad visual debe permitir que la marca se reconozca y se mantenga coherente en diferentes formatos y situaciones. Una publicación de Instagram, una página web, una presentación comercial o un folleto pueden ser piezas muy diferentes y, sin embargo, formar parte de la misma marca.
Eso es lo que buscamos cuando trabajamos un proyecto de branding: crear una identidad con sentido, personalidad y capacidad para crecer con la empresa.
En YRG, el diseño empieza escuchando
En YRG Comunicación trabajamos proyectos de branding, identidad visual y diseño gráfico desde Arroyo de la Encomienda, Valladolid.
Y si hay algo que hemos aprendido después de años trabajando con marcas es que las mejores soluciones no suelen aparecer cuando empezamos a diseñar. Suelen aparecer antes. Cuando hacemos las preguntas adecuadas, entendemos el problema y descubrimos qué necesita realmente la marca. Porque antes de diseñar una identidad, hay que conocerla.